Tradición de la aparición
La imagen fue encontrada en una encina por un pastor de Pedroche, en el quinto de Navarredonda de la dehesa de la Jara. El pastor la metió en su zurrón y la llevó al pueblo, pero cuando quiso enseñársela a los demás había desaparecido, volviendo al lugar de su hallazgo; este hecho se repitió tres veces, indicando así la voluntad de la Virgen de ser venerada en el mismo lugar de su aparición.
La tradición sobre la aparición de la imagen de la Virgen de Luna está resumida en un viejo romance que se cantaba en sus fiestas, y que recogió don Juan Ocaña:
“¡Oh gran Reina de los Cielos,
de Luna Virgen María,
da luz a mi entendimiento
y a mis ecos la armonía,
para que cante gozoso
como fuisteis aparecida.
Por los campos de la Jara,
término que es de estas villas
quinto de Navarredonda,
en tierras que poseía
un vaquero de Pedroche
con sus ganados venía.
Sintiéndose fatigado
por la sed que le afligía
en busca de frescas aguas
tomó un canal arriba,
y al terminar de una vega
al pie de un risco que había
encontró apacible fuente,
más otra cosa veía:
una luz que deslumbraba
y era esta imagen bendita,
que de un árbol en el hueco
sonriente aparecía.
Enajenado y gozoso
en tierra cae de rodillas
y con el más tierno amor
al contemplar lo que mira
en sus palabras ferviente
estas palabras decía:
-Dulce Madre de mi Dios,
inmerecida es la dicha
de que a mí, tan pecador,
dejes de estar escondida;
otros mejores que yo
estas tierras poseían.
Entre la verde espesura,
que es tu modesta capilla,
estarás expuesta, ¡Oh Madre!
a las pertinaces lluvias;
yo te doy mi corazón
para que en él siempre vivas.
Con la filial confianza
que su devoción le inspira,
la bajó del viejo árbol
y en su zurrón la metía;
luego se marchó a Pedroche
lleno de santa alegría.
Mas, ¡oh triste confusión!;
cuando mostrarla quería
iba en busca de aquel tesoro
que embargado le traía
y con extraña sorpresa
la imagen no aparecía.
Fue que la bendita Virgen
en su morada quería
que se levantara un templo
do su trono fijaría;
lo que sabiendo el obispo
con prudencia determina:
Que en el sitio donde esté
allí se haga una ermita
y que los pueblos cercanos
fervientes cultos le rindan;
Pozoblanco y Villanueva
tuvieron grandes porfías.
Y que se forme a esta Reina
una grande cofradía
de fervorosos cristianos
que la honren noche y día,
y vayan al Santuario
en solemne romería.
En un día prefijado
comulguen las cofradías
y le ofrezcan los exvotos
que sus bondades publican,
y en procesiones triunfales
se traslade a nuestra villa.”
