La encina de la Virgen
Según la tradición popular, la encina donde se apareció la Virgen de Luna da frutos con su imagen silueteada. Determinar cuál es la encina en concreto es labor ardua, ya que si se puede remontar la historia del santuario al siglo XV, tendría al menos unos 600 ó 700 años en la actualidad. Quienes saben (o creen saber) cuál es la encina en concreto, guardan celosamente el secreto, llegándose incluso a espiarlos para averiguar su paradero. Es difícil que la encina que tuvo el privilegio y el honor de alojar a la imagen de Nuestra Señora de Luna continúe en pie después de tantos siglos.

Relacionada también con el árbol que acogió la imagen de Nra. Sra. de Luna es una antigua tradición, hoy desaparecida, de la cofradía de Villanueva. Tras la misa y procesión el día de la Romería de Pentecostés, los hermanos iban a una encina próxima al santuario, y allí, a su sombra, se convidaban con rondas de vino y garbanzos tostaos, dice Ocaña que como tributo al árbol que fue ermita y Santuario de la Virgen hasta su aparición. Esta encina es la que se encuentra inmediata al sur del santuario, protegida hoy por un cerco de piedra.
Algunos investigadores consideran que esa tradición de las bellotas con la imagen de la Virgen es una muestra más del contacto entre el cristianismo y las religiones anteriores a ella de los pueblos de nuestra comarca, como vimos anteriormente. La dendolatría, el culto a determinados árboles, es frecuente en países europeos del área atlántica, donde desde la Edad del Bronce parece haber un sustrato cultural común, en el que también se incluirían las devociones astrales.
